La sientes vibrar frente a ti mientras se bailan frenéticos pasodobles sobre el diapasón. A golpe de metrónomo en estricto dos por cuatro. Con el tiempo los dedos se enzarzan en una guerra con los trastes que ni saben librar ni pueden ganar.
Y así, el tempo y el ritmo se desmadran para dar peligrosos resultados. De los que duelen al sonar.