Ella ochenta y cuatro años. La piel atacada por la edad en manchas y grietas. El pelo resistiendose aún a blanquear del todo y veteandose de grises y negros dentro de un apretado moño. Ropa colorida. Espalda encorvada, pero mente erguida. Se deja arrastrar hacia abajo por una escalera mecánica cualquiera de una estación cualquiera con la mente dando atención un poco a cualquier cosa.