Una dosis de locura cura los males que llevas a rastras.
Dos liquidan la lógica que hay en ti, tus pilares más básicos.
Tres te devoran por dentro hasta no dejar piedra sobre piedra.
Te haces dependiente, pero nunca darás con la sobredosis. No parece que exista, y lo peor que podría pasar es que te vueltas loco.
¿Tan malo es? Yo no lo creo.
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