viernes, 5 de julio de 2013

Convergencia



Tenía veintinueve años cuando me llegó el descanso. Lo último que recuerdo es el coche dando vueltas sobre sí mismo, cayendo irremediablemente al vacío desde lo alto del puerto. No sé si fue la niebla, el sueño o la coca. Quizá fueron los tres.


Afortunadamente, nadie más salió herido. Los únicos afectados, aparte de mí mismo, fueron los encargados de reparar el quitamiedos y los de retirar el amasijo de hierros y sangre que fuera mi coche.

No puedo decir que nadie me vaya a echar en falta. Si acaso un puñado de cabrones (puedo decir cabrones, ¿no?) sonreirán al pensar que ya dejaré de dar problemas, pero desde luego nadie derramará una puta lágrima. Tampoco me puedo quejar. Yo nunca lo hice. Es triste verse poco a poco más y más consumido por los recuerdos y los parches.

Siempre llevé una mala vida. Ya en clase era más de dar empujones que recibirlos y antes de ser mayor de edad conocía todo lo fumable. Lo legal y lo no tan legal ("La mejor mierda para arrancar con buen pie el 2033" me decían los camellos por aquel entonces cuando me empecé a salir de la ley). Esa "mejor mierda" me infectó como un virus y me hizo manso como un animalillo. No voy a echarle la culpa a nadie. Yo mismo lo elegí.

Veintidos años y me ganaba la vida traficando. Aquí la jodí del todo, si es que no la habia jodido ya.

Me pillaron. Me pillaron y me metieron en un centro de reintegración, que por aquel entonces estaban de moda (se llaman así todavía, creo). De esos que no tienen barrotes, pero que si mueves un pie más que otro terminas en otro que sí los tiene. Moví un pie mucho más que otro y escapé. Robé un coche, y el azar quiso que en la guantera hubiese un buen alijo. Tras meterme algo para recuperar el punto tras mucho tiempo sin nada, huí por la carretera vieja, la estrecha que rodea el despeñadero.

Nadie la usaba y supongo que ya sé por qué.

Era peligroso. Podías despeñarte.

Me han pedido que escriba mi historia y que indique... en qué momento de la vida tomé una decisión equivocada, si es que lo hice. Qué cambiaría.


Si he entendido bien lo que pasa aquí. Repetiré mi historia y leeré éste mismo texto. Repetiré todo una y otra vez hasta que no haya nada de lo que arrepentirse. Hasta que todas y cada una de las decisiones que tome sean las óptimas. Cuando todas las opciones converjan a lo que debe ser.

Sólo entonces, se le es permitido a uno morirse bien muerto tras haberse muerto de verdad.

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