No es hasta que no te detienes a examinar tus pasos que te das cuenta del estado del todo. De La Perspectiva. De lo bueno y de lo malo en ti mismo y en tu entorno. Puede estar, para bien o para mal, exactamente igual que la última vez que miraste con ojo crítico. O quizá haya cambiado en algo.
Considero equilibrio ese estado de tranquilidad extrema donde avanzar corriendo no es más difícil que permanecer sentado, y donde al comienzo del día no te preguntas si harás algo sino cómo lo harás. Es un estado mental casi mágico que ayuda a llevar las fronteras de lo posible a los lindes de lo imposible. Y paradójicamente casi tan fácil entrar en él como difícil salir. Y al revés.
Un día la seguridad se escurre entre los dedos y no es hasta que no recuperas La Perspectiva que eres capaz de corregir la degeneración de ese equilibrio y recuperarlo en fondo y forma.
Para vivir tranquilo, que a eso estamos.
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