lunes, 15 de diciembre de 2014

Exasperante

El puñetero me miraba desde el sofá, como acusándome de algo con una de esas miradas cargadas de significado. En completo mutismo. Sin siquiera mirar al tipo del telediario dar la lata sobre la última chorrada que había dicho nosequé estrella de fútbol.

Fruncía el ceño. Sin abrir la boca, pero diciéndolo todo. Que estaba preocupado, que no le gustaba lo que había hecho o que lo había hecho mal. O todo a la vez. "¡Qué!", le dije. Pero no me dio a entender nada. Únicamente entrecerró los ojos, giró la cabeza grácilmente hacia la televisión y se quedó ahí. Esperando.

Ese puñetero exasperante hijo de puta sabía qué cuerdas tocar. No me iba a dejar en paz. Debía sacar el cadáver del congelador y deshacerme de él.

Putos gatos. Hacen conmigo lo que quieren.

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