Ella ochenta y cuatro años. La piel atacada por la edad en manchas y grietas. El pelo resistiendose aún a blanquear del todo y veteandose de grises y negros dentro de un apretado moño. Ropa colorida. Espalda encorvada, pero mente erguida. Se deja arrastrar hacia abajo por una escalera mecánica cualquiera de una estación cualquiera con la mente dando atención un poco a cualquier cosa.
El Orbe de Cordura
lunes, 23 de noviembre de 2015
jueves, 30 de abril de 2015
domingo, 1 de marzo de 2015
domingo, 4 de enero de 2015
Pasodobles
La sientes vibrar frente a ti mientras se bailan frenéticos pasodobles sobre el diapasón. A golpe de metrónomo en estricto dos por cuatro. Con el tiempo los dedos se enzarzan en una guerra con los trastes que ni saben librar ni pueden ganar.
Y así, el tempo y el ritmo se desmadran para dar peligrosos resultados. De los que duelen al sonar.
martes, 23 de diciembre de 2014
Convergencia (alt.)
-Me despeñé hace un momento y al siguiente estaba aquí.
Intentaba explicarme lo mejor que podía, gesticulando salvajemente.
-Que se ha... -escribía mi interlocutor torpemente en su ordenador- ...despeñado.
Terminó la frase golpeando con fuerza la tecla de ENTER, como queriendo desguazar el teclado. Me miró fíjamente a través de sus gafas cuadradas e inclinó ligeramente la cabeza en un vago gesto de comprensión.
-Vaya, cuánto lo siento. Bienvenido de nuevo a La Convergencia. Si no le importa preferiría que fuesemos un poco rápido, hay gente en cola.
Intentaba explicarme lo mejor que podía, gesticulando salvajemente.
-Que se ha... -escribía mi interlocutor torpemente en su ordenador- ...despeñado.
Terminó la frase golpeando con fuerza la tecla de ENTER, como queriendo desguazar el teclado. Me miró fíjamente a través de sus gafas cuadradas e inclinó ligeramente la cabeza en un vago gesto de comprensión.
-Vaya, cuánto lo siento. Bienvenido de nuevo a La Convergencia. Si no le importa preferiría que fuesemos un poco rápido, hay gente en cola.
jueves, 18 de diciembre de 2014
lunes, 15 de diciembre de 2014
Exasperante
El puñetero me miraba desde el sofá, como acusándome de algo con una de esas miradas cargadas de significado. En completo mutismo. Sin siquiera mirar al tipo del telediario dar la lata sobre la última chorrada que había dicho nosequé estrella de fútbol.
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