Un niño atrapado en el cuerpo de un adulto, condenado a buscar ayuda en el desconocido que le devolvía la mirada frente al lavabo.
Sólo duraba unos instantes. Entonces recuperaba la lucidez, limpiaba el suelo y dejaba que los asuntos del día hundiesen ese momento de debilidad bajo el peso de la responsabilidad.
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